Lo que hicieron conmigo las Fuerzas Especiales sólo podría ser descrito como brutalidad. En cierto modo lo acepto, pero lo que me enfureció era que Jax me encontrase. Aunque iba borrando mi rastro, manteniéndome entre las sombras, finalmente fui encontrado.
Jax me tiró por un barranco, dando por hecho que eso acabaría conmigo. Hubiera sido así de no haber lanzado mi arma contra la pared rocosa para reducir la velocidad a la que caía. Quedé muy malherido, así que decidí ocultarme. Los rumores sobre mi muerte serían el camuflaje perfecto mientras recuperaba mi fuerza.
Obsesionado con los pensamientos de venganza, viajé por todos los reinos en busca de textos antiguos que me mostrasen una muerte que estuviese a la altura de la traición de Jax. Sin embargo, mis heridas hacían que perfeccionar estas nuevas técnicas fuera una tarea muy dolorosa. Mi frustración se convirtió en rabia y no me volví a preocupar por quien me había vendido. Acabaría con todos ellos; un sentimiento que, al parecer, Quan Chi compartía.
Quan Chi reconoció la carnicería que yo había ido dejado atrás mientras practicaba mis nuevas fatalidades sobre la gente buena de los reinos. Él estaba impresionado y se ofreció a ayudarme a aumentar su poder y eficacia. Todo lo que tenía que hacer era luchar en el bando de las Fuerzas de Oscuridad en Edenia. Allí se revelaría el medio de mejorar mis fatalidades, y todos mis enemigos estarían presentes para la matanza. Pronto tendré mi venganza. Llegará la hora de acabar con todos ellos.