Después de encerrar el corrupto espíritu de Onaga fui expulsado de las profundidades del Netherealm. Atravesé el mundo de las almas antes de llegar al Reino de la Tierra, donde aparecí rodeado de un grupo de lobos, mis guías espirituales. Tan sólo tenía recuerdos borrosos de ese viaje tan corto... ¿o duró una eternidad?
Los Antiguos me hablaron de una tormenta inminente que enfrentaría a los guerreros de los reinos entre sí en una batalla épica. Pero lo más inquietante de todo era la amenaza que suponía un mal oculto que manipulaba a estos guerreros, empujándolos a participar.
Según parecía, mis visiones se volvieron reales. En un encuentro de las Fuerzas de la Luz, Johnny Cage reveló que Shinnok había regresado y que, además, el Dios Anciano caído estaba reuniendo a las Fuerzas de la Oscuridad de nuevo. Accedí a ayudar a Johnny Cage y me uní a su causa.
Kitana se acercó a mí en la reunión. Me llevé una gran sorpresa al descubrir que le acompañaba el espíritu de Liu Kang. El vínculo entre ellos era tan poderoso que ella había podido mantener sus energías intactas hasta que encontrase el modo de volver a unirle con su cuerpo. No había mucho que yo pudiera hacer para ayudarles, a menos que alcanzase un nivel mucho más avanzado en poderes chamán. Uniendo con gran esfuerzo el poco poder que me quedaba tras mi misión en el Netherealm, transferí su vínculo desde Kitana hasta mí, aceptando ser el nuevo anclaje espiritual de Liu Kang. Puede que este poder desconocido que persiguen las Fuerzas de la Oscuridad sea la clave para ayudar a Liu Kang a encontrar la paz.